Dos espacios y tres puntos suspensivos
Por Emiliano Mejía
Desde hace miles de años, desde los albores de las primeras civilizaciones, los humanos hemos mirado hacia el cielo con asombro. Por supuesto, este asombro estaba plenamente justificado, pues quién no sentiría una desbordante curiosidad por lo que se encuentra arriba de nosotros, suficientemente brillante para verlo pero demasiado lejos para tocarlo. Desde ese momento en el que los humanos miramos al cielo con curiosidad comenzaron a surgir cientos de explicaciones: Ra, Zeus, Helios, Tonatiuh, Inti, Amaterasu, Susanoo, Mani, Neptuno y cientos más. Quizás es esta la razón por la que existen tantas películas de ciencia ficción relacionadas con los viajes espaciales, pues aunque vivamos a nivel del suelo siempre hay algo que mantiene nuestra mirada arriba. Ya sea el sol, las estrellas, los asteroides, cometas o incluso los mismos planetas, siempre hay algo arriba de lo que no podemos saberlo todo.
En el anterior bloque del taller de cine, Universos Cinematográficos, comentamos dos películas de este tipo. Si bien lo anterior es cierto, podría parecer hasta bizarro llamar a Star Wars y a Alien películas del mismo tipo. En estas dos películas se nos muestran dos posibles rutas que se pueden tomar al hablar del futuro de los viajes espaciales. Por un lado tenemos el universo de Star Wars creado por George Lucas que, si bien no es precisamente alegre, muestra una diversidad importante de formas de vida en coexistencia, la posibilidad de que las máquinas tengan rasgos prácticamente humanos sin llegar a ser necesariamente amenazantes y una bastante clara adaptación a los diferentes entornos climáticos que se podrían llegar a encontrar en este enorme universo.
Por otro lado, tenemos el universo de Alien creado por Ridley Scott en 1979, apenas dos años después de que Star Wars fuera estrenada. En realidad se nos enseña muy poco de este universo, ya que en realidad la película entera se desarrolla en solamente cuatro lugares: la nave Nostromo, el planeta en donde la tripulación encuentra al Xenomorfo, la nave nodriza de la que sale dicho Xenomorfo y la cápsula de escape del Nostromo. Sin embargo, con lo poco que se muestra del universo se pueden entender diversas cosas. En primer lugar se presenta al espacio no como algo que se pueda o deba explorar, sino primero como un simple camino desde el lugar de donde el Nostromo extrae el mineral y la Tierra para después volverse un ente amenazador del que no solo salen criaturas de pesadilla, sino que encierra a los personajes y los confina a las paredes del Nostromo.
Por un lado tenemos el sentido aventurero y la adrenalina de las peleas de naves y espadas de luz que se muestran en Star Wars y por otro tenemos el terror, la claustrofobia y la violencia que roza lo primitivo en Alien. Estas dos representaciones del concepto del espacio reflejan mensajes por lo menos a mi parecer bastante evidentes: la gente no sabe qué sentir ahora que el espacio está al alcance de los dedos de la humanidad. Ambas películas son caras de una misma moneda, con la llegada del hombre a la luna apenas diez años antes y las subsecuentes incursiones del resto del programa Apollo el espacio dejó de ser un sueño lejano para el público estadounidense y esto los dividió: a algunos les parecía una fuente inagotable de oportunidades mientras que a otros les aterró este ente brutal y desconocido. A pesar de cualquier otro simbolismo que puedan cargar estas dos películas, es con este con el que yo me quedo tras verlas una detrás de otra y comentarlas en el taller. Ambas películas son a mi parecer reacciones a un mismo fenómeno que a día de hoy seguimos viviendo y que posiblemente nunca pararemos de vivir.
Comentarios
Publicar un comentario