Ensayo de una vida
La memoria es parte de nuestro día a día, eso es un hecho irrefutable. Desde las habilidades motoras básicas que necesitamos para navegar el mundo hasta una anécdota en un junte con amigos, la memoria está presente en todo lo que hacemos y somos. Incluso respecto a temas tan sombríos como la muerte la memoria está presente, pues citando a Canserbero (y posiblemente a muchos que habrán dicho esta frase antes): "Solo se muere el que se olvida". Habrá quien argumente que lo que nos define como personas es el conjunto de nuestras experiencias, por lo que bajo esta misma lógica es posible decir que somos lo que recordamos.
Sin embargo, lo que olvidamos es también parte de nosotros. La mejor analogía para expresar la importancia del olvido es, a mi parecer, el cuento de Jorge Luis Borges titulado Funes el memorioso que, si bien de manera bastante hiperbólica, muestra lo que sería nuestra vida si no pudiéramos olvidar. Y sin embargo, hay quien nunca olvida como es el caso de Miroslava Stern en la película Miroslava.
A diferencia de Joel, Clementine y Dae-su, a quienes a lo largo de este ciclo de películas vimos buscar activamente el olvido por una razón u otra, Miroslava parece ser incapaz de olvidar. No solamente es incapaz, sino que no se lo permiten primero aquellos a su alrededor y posteriormente ella misma. Si bien es necesario tomar en cuenta la diferencia en los géneros de las tres películas, creo que el punto sigue en pie.
Miroslava es una persona a la que persiguen sus memorias. Desde su salida de Checoslovaquia en la que tuvo que dejar atrás a su abuela y a la única patria que conocía por culpa de un enemigo desconocido que parecía odiarlos por el simple hecho de existir hasta sus fracasos amorosos primero con un piloto de la fuerza aérea estadounidense, después con su marido Jorge Jaime y por último con Luis Miguel Dominguín, todo se acumuló hasta reventar con el eventual suicidio de Miroslava. La vida de Miroslava parece estar llena de cosas que le recuerdan a las cosas que mantienen vivas sus memorias y la mantienen estancada.
Empezando por su salida de Checoslovaquia, no es complicado ver los elementos que no le permiten olvidar. La costura de su mamá, el violín de su papá, el chal de su abuela, el ballet, su idioma y las noticias. Su patria, su infancia y el terrible destino de su abuela que no puede quedar más que para su imaginación se encuentran en todos lados, sobre todo en su adolescencia en la que expresa que preferiría estar entre balas y nazis pero en su patria que del otro lado del mundo. La historia de la llegada de Miroslava a México no era del todo rara, pero aún así el sentimiento de soledad ante el mundo que sentía no hacía más que crecer.
Por otro lado, tenemos los fracasos amorosos de Miroslava. Al primero se lo llevó el mismo huracán que le quitó a su abuela y su patria, la guerra. Después conoció al hombre con el que se casaría, quien tenía muy poco respeto por su carrera y su pasión por la actuación. Por último, conoció después de abrirse a nuevas experiencias amorosas a quien, de manera similar al anterior, terminó por traicionarla. Si bien es lógico que la traición de Jorge Jaime la lastimara, en la película se muestra que la que acabó por derrotarla fue la de Luis Miguel.
En sus relaciones amorosas se pueden ver patrones que hablan mucho sobre el estado mental de Miroslava. En el soldado y el torero hay una relación muy cercana con la muerte, misma que ha permeado la vida de Miroslava primero llevándose a su abuela y posteriormente a su mamá. En Jorge Jaime podemos ver un parecido importante con su padre, pues comparten en gran medida visiones sobre el futuro de Miroslava y, por lo menos a mi parecer, tienen personalidades relativamente similares.
Para concluir este brevísimo ensayo, me gustaría reiterar dos cosas. La primera, y creo yo que más importante, es que la vida de Miroslava Stern se vió marcada por una serie de tragedias y decepciones que la persiguieron en silencia hasta el día de su muerte. La segunda, que en cierta manera se conecta con la primera, es que la memoria y el olvido son partes esenciales de nosotros, pero se viven y reviven a puertas cerradas.
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